Continúan las secuelas que dejó la gran explosión que se produjo en Beirut, capital del Líbano, en agosto del año pasado. Varios meses después de aquel evento, miles de familias, principalmente refugiadas en Siria, podrían quedar sin hogar en los próximos meses por una ola de pobreza que se produjo por la parálisis política y económica en la que se encuentra el país desde entonces, según estimó la ONG Consejo Noruego para los Refugiados (NRC).

Un gran número de habitantes se encuentran frente a una crisis de pobreza que podría generar, de cara al futuro, un aumento en la cantidad de personas desahuciadas o sin techo para vivir, según dijeron en el NRC. Ello, pese a que la mayoría de las viviendas que fueron destruidas por la explosión de un almacén de nitrato de amonio el pasado 4 de agosto, ya fueron reconstruidas o reparadas, según las necesidades que presentaban.

Además, el NRC apunta a que al menos 70.000 trabajadores perdieron sus puestos a causa de la explosión. Esta catástrofe no hizo más que agravar el bloqueo político en el país y la longeva crisis económica que se vive en el Líbano. A esta situación se suma también los problemas derivados por la aparición de la pandemia.

En ese país, de hecho, hace días que se llevan a cabo diversas protestas por el empeoramiento de la crisis económica que generan las medidas de restricción con las que se busca frenar la expansión de la Covid-19. En algunas manifestaciones, incluso, se quemaron contenedores y crearon barricadas en plazas céntricas. En esas protestas, más de 300 personas resultaron heridas y hasta se registró un fallecido.

No obstante, el NRC hace hincapié en que las víctimas que se vieron más afectadas por la explosión ya estaban en situaciones más vulnerables de Beirut. Según un sondeo de la ONG, la tercera parte de los encuestados perdieron algún tipo de ingreso familiar por la detonación y el 40% de los enfermos crónicos debieron suspender su tratamiento médico al no ser capaces de afrontar los costos que significan.

De todas maneras, los que recibieron el impacto más grave desde la detonación parecen ser los refugiados sirios. “La cruda realidad es que los más vulnerables siguen bajo condición de desplazados”, dijo Carlo Gherardi, director del NRC para Líbano.

"Cada vez son más quienes están desempleados. Son incapaces de pagar el alquiler, están incurriendo en una deuda enorme y a cada día que pasa dependen más de la ayuda", se lamentó.

A su vez, por esta situación, consideró imperativo el inicio de un programa específico de ayuda a la población. “Hay que ayudar, más allá de los daños estructurales, para que la gente de Beirut pueda ponerse de nuevo en pie".